Existe un proceso de Madurez diseñado por Dios que debería ser transitado por cada ser humano que nace, sin embargo, solo una minoría lo logra. Muchos quedamos atrapados en alguna etapa del camino, nuestro cuerpo e intelecto avanzaron, pero nuestra alma quedó presa.

Aquí pudiera estar la respuesta a muchas preguntas acerca de comportamientos inexplicables, como aquel egoísmo capaz de desgarrar a una familia, impulsividad, adicciones, codependencia, comunicación pobre, explosiones de ira, irresponsabilidad, temores paralizantes, etc. Por esta razón es posible, por ejemplo, tener gran éxito a nivel profesional y fracasar en la amistad, en el matrimonio y en el ser padres.

El proceso de Madurez consta de cinco etapas: Etapa de Bebé, Etapa de Niño, Etapa de Adulto, Etapa de Padre y Etapa de Anciano. Cada etapa comprende retos por conquistar, y únicamente después de alcanzar cada uno de ellos, la persona estará lista para iniciar la siguiente etapa. Esto quiere decir que alguien que no pudo conquistar los retos de la Etapa de Niño, seguirá creciendo en edad física hasta que su cabeza esté cubierta de canas y su piel plegada por los años, pero su alma permanecerá en la Etapa de Niño hasta el día que tome la decisión de “desatrasarse” y resuelva conquistar todo aquello que quedó pendiente.

Una persona madura es un persona plena. Una persona plena es una persona completa, alguien que disfruta una vida donde todas las piezas están integradas; su cuerpo, su alma y su espíritu están en el mismo lugar porque han logrado transitar juntos por cada etapa, por tanto, su edad física corresponde a su edad emocional y espiritual.

A través de las clases de Madurez, podrás nadar en aguas profundas y descubrir con la ayuda de Dios qué pasó contigo, por qué tu vida hoy es como es, en dónde te quedaste estancado, por qué, cuándo, y sobretodo cómo salir de allí y avanzar. Para vivir este proceso necesitarás fe y valentía para enfrentarte cara a cara con tus dolores más profundos, y un corazón dispuesto a sanar y perdonar. Dios conoce tu vida de principio a fin; Él te dio la vida, ha visto tu caminar, tus subidas, tus bajadas, tus momentos más oscuros y los más brillantes, tu fe y tu falta de fe, tu fuerza y tu debilidad, todo tu ser, hasta el más íntimo de tus pensamientos es conocido por Él. Él te ha amado siempre y anhela que le permitas sanarte.

Al sanar y madurar, podrás comprender mejor, no solo tu historia, sino la historia de cada persona en tu vida. Serás poseedor muchos regalos preciosos, escasos en el mundo actual, llamados compasión, amor y perdón; una vez abres tu corazón a Dios para recibirlos de Él, no podrás contenerlos e inevitablemente los entregarás a los demás. Cuando descubras y entiendas cuán amado eres, lo mucho que has sido perdonado y cuánta compasión has recibido de Dios, serás capaz de perdonar, tendrás compasión, y amarás con el mismo amor con el que has sido amado. La libertad que esto traerá a tu vida será sin precedentes y jamás querrás volver a las cárceles de donde fuiste sacado. Jamás.

Nuestra oración es que puedas llegar a ser una persona madura, plena y satisfecha. Que puedas recibir todos los tesoros que Dios quiere entregarte y vivir para el propósito por el cual fuiste creado. Que cuando llegues y termines la Etapa de Anciano, puedas partir de este mundo en paz, con gozo, habiendo cumplido tu misión, y listo para graduarte en el cielo.

Disfruta tu camino abrazado a Aquel que te amó primero.

Testimonio Tony Franco

Mi nombre es Tony Franco y quisiera compartirles un breve testimonio de mi historia en Canaán.  El día que llegué por primera vez, entré por

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Pastor Jaime

Pastor

Siendo el pastor de una iglesia en Colombia caí en tentación y cometí adulterio. Caí muy bajo, llegando al extremo de abandonar a mi esposa y mis dos hijas, debido a una adicción sexual. Esto ocurrió porque, aunque era un pastor, tomé decisiones basado en lo que sentía y no en lo que Dios decía. Después de una sucesión de errores muy serios, destruí mi familia. Los sentimientos de rechazo, culpa y baja autoestima me atormentaban de día y de noche.

Pero le doy gracias al Señor por mi preciosa y fiel esposa Liliana, quien a pesar de mis actos, decidió creerle al Señor y oró, junto a un ejército de guerreros de oración, por mi libertad. ¡Dios escuchó sus oraciones! Él abrió mis ojos y me permitió ver la luz al final del túnel de oscuridad en el que me encontraba atrapado. Entendí que la única opción que tenía era volver mis ojos a Jesús; fue precisamente en ese momento en que me arrepentí y confesé mi pecado.

Como consecuencia de esta decisión, Dios me devolvió mi esposa e hijas. Esto ocurrió hace cuatro años, momento en que tuve el privilegio de iniciar, junto con mi familia, un hermoso proceso de restauración en un lugar llamado Dunklin Memorial Camp, en los pantanos de Okeechobee, Florida. En este lugar, el Señor restauró mi relación con Él, con mi esposa y con mis hijas, y además ubicó mi autoestima en el lugar adecuado. Me liberó de la culpa, la vergüenza y la condenación. Con su guía, he aprendido a ser un mejor esposo y padre y nos entregó a mi esposa y a mi un ministerio en el que ayudamos a hombres y mujeres con problemas de adicciones quienes, como yo, decidieron volver su rostro al Señor y encontrar la hermosa luz que se lleva la culpa y que trae la paz y el gozo tan deseados y que solo Él nos puede dar.

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