Esto si es de Dios
Altamente confiable
Altamente Confiables: Cómo Dios Usa la Adversidad para Formar tu Carácter
La adversidad rara vez se recibe con los brazos abiertos. Cuando el dolor llega, la primera reacción humana suele ser preguntar: "¿Por qué Dios permite esto?" Sin embargo, existe una lectura distinta del sufrimiento que cambia por completo la conversación. Ya no se trata de si tú puedes confiar en Dios en medio de la tormenta, sino de una pregunta mucho más incómoda y transformadora: ¿Puede Dios confiar en ti con la adversidad que estás viviendo?
Esa es la pregunta central del mensaje Altamente Confiables, parte de la serie "Esto sí es de Dios - Decodificando verdades acerca del carácter de Dios", una enseñanza que reposiciona el dolor no como un ataque del enemigo, sino como un acto de confianza divina.
La adversidad no siempre es lo que parece
Existe una frase recurrente en la vida cristiana: cuando algo inesperado o doloroso ocurre, muchos creyentes repiten casi por reflejo "esto no es de Dios". La intención es buena, pero la conclusión es incompleta. La Biblia muestra con claridad que hay situaciones que, aunque parecen negativas en su origen, Dios las permite con un propósito preciso.
La adversidad tiene múltiples fuentes. Algunas veces es la consecuencia directa de decisiones propias. Otras, el resultado de las decisiones de otros en las que uno no tuvo participación. Y en ciertos casos -los más difíciles de procesar- es una prueba que Dios mismo permite, no para destruir, sino para direccionar.
El pastor lo resume con una frase contundente: Dios no intenta destruirnos a través del dolor; Dios intenta direccionarnos a través del dolor.
Job: el hombre altamente confiable
El pasaje central de esta enseñanza se encuentra en Job 1:6-12, donde se describe una escena poco común: los miembros de la corte celestial se presentan delante del Señor, y entre ellos llega el acusador, Satanás. Dios, en lugar de esconder a su siervo, lo expone:
"¿Has considerado a mi siervo Job? Es el mejor hombre en toda la tierra. Es un hombre intachable y de absolute integridad. Tiene temor de Dios y se mantiene apartado del mal."
Lo que sigue es conocido. Satanás cuestiona la integridad de Job y sugiere que su amor por Dios es transaccional: lo ama porque ha sido bendecido. Entonces Dios hace algo sorprendente: le da permiso a Satanás para probarlo.
Aquí aparece una de las verdades más incómodas del cristianismo: Dios le dio luz verde a Satanás para que Job fuera probado. Desde el lente humano esto puede parecer injusto, pero desde el lente divino revela algo extraordinario. Dios no estaba castigando a Job; estaba confiando en él. Había algo en Job que lo hacía digno de una prueba de esa magnitud.
La pregunta correcta no es la que te haces
El caminar cristiano suele formular una pregunta repetida: ¿Puedo confiar en Dios en medio de esta situación? Es una pregunta válida, pero incompleta. La enseñanza de Job la invierte:
¿Puede Dios confiar en ti?
El propósito de Dios no es únicamente que sus discípulos sean inmensamente amados, sino que se conviertan en personas altamente confiables. La adversidad, entonces, deja de ser un castigo y se convierte en una asignación. Dios escoge a sus mejores soldados para sus más grandes batallas.
La universidad de la adversidad
Uno de los conceptos más transformadores del mensaje es este: lo que parece una celda de dolor puede terminar siendo un salón de formación. La adversidad no es una situación permanente; es una temporada de entrenamiento. El pastor Jaime llamaba a esto "la escuela del quebrantamiento".
Esto implica varias verdades prácticas:
- Toda adversidad tiene un final. No es una condición permanente.
- Hay finales necesarios para que comiencen nuevos comienzos.
- Dios no es un Dios perverso; no existe la perversidad en su carácter.
- El enemigo quiere convencerte de que Dios es malo, pero Dios está formando el carácter de Cristo en ti.
El salmista llega a una declaración sorprendente en el Salmo 119: "Me hizo bien haber sido afligido, para aprender los decretos del Señor". Ese es el nivel de madurez al que Dios quiere llevar a cada discípulo: poder mirar atrás y reconocer que el dolor tuvo un propósito formativo.
El lente con el que ves la adversidad lo determina todo
El problema no es lo que estás viviendo. El problema es el lente con el cual estás viendo lo que estás viviendo. Muchas personas, ante el dolor, corren a adormecerlo: medicamentos, distracciones, fantasías. La letra de una vieja canción lo describe con precisión: "Vivo en un mundo de fantasías, fabricando mentiras para no llorar".
Pero Dios está diciendo algo distinto en medio de la tormenta: "Estoy ensanchando tu capacidad de soportar adversidad. El tiempo que estás viviendo en este momento no es tiempo perdido".
Ver la adversidad desde el lente de Dios cambia todo. Ya no eres víctima de las circunstancias; eres un discípulo en entrenamiento. La pregunta deja de ser ¿por qué a mí? y se convierte en ¿qué vio Dios en mí para confiarme esto?
Job apuntaba a Jesús
Uno de los puntos más profundos del mensaje es que el libro de Job no está en la Biblia solo para que nos identifiquemos con su dolor. Está allí para apuntar al Mesías. Todo lo que Job padeció prefigura lo que Jesús tendría que sufrir para redimir a la humanidad.
Job hace una de las declaraciones más poderosas de toda la Escritura, en Job 19:25:
"Yo sé que mi redentor vive."
Posiblemente Job no sabía que estaba hablando de Jesús, pero puso su fe en el Dios viviente y, sin saberlo, profetizó sobre aquel que viviría por los siglos de los siglos. Esa misma declaración es la que cada creyente necesita hacer en su temporada de adversidad: mi redentor vive.
Los ídolos que la adversidad derriba
La prueba no solo forma el carácter; también expone los ídolos. Muchas veces lo que se aferraba el corazón -la seguridad, las posesiones, las relaciones, el estatus- se desvanece en la prueba para que quede en claro que la única confianza verdadera está en Dios.
Job lo expresa con una declaración que roba el aliento, en Job 13:15:
"Aunque él me quite la vida, en él esperaré."
Ese es el nivel de confiabilidad al que Dios quiere llevar a su pueblo. No un amor transaccional que depende de las bendiciones, sino una confianza incondicional que permanece aún cuando todo se pierde.
Pedro y la barca: salir hacia lo imposible
El mensaje también recurre a la imagen de Pedro en medio de la tormenta. Mientras el resto del grupo se aferra a la barca, Pedro decide salir. Caminar sobre el agua es la imagen máxima de confiar en la voz de Jesús por encima de las circunstancias.
La invitación es clara: hay creyentes que están siendo llamados a salir de la barca, a pisar en lo imposible, a no aferrarse a la seguridad de lo conocido cuando Dios está diciendo ven. El que llama es más grande que el que responde.
Jesús: el único altamente confiable
Toda esta enseñanza converge en una persona. Job es una prefiguración, un anticipo, pero la imagen perfecta del varón confiable es Jesús. El Padre le otorgó toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Filipenses 2:9 declara que Dios le dio un nombre sobre todo nombre. Efesios 1:20-22 lo sienta a su diestra sobre todo principado y autoridad. Colosenses 1:16 afirma que todo fue creado por medio de él y para él. Apocalipsis 19 lo corona como Rey de reyes y Señor de señores.
No hay otro como él. No se puede agregar ni mejorar el evangelio de salvación y sanidad que está en Cristo Jesús. No se pueden acelerar los tiempos de Dios. Solo Jesús puede redimir desde las profundidades del pecado y restaurar por completo una vida rota.
La doble bendición que viene después
La historia de Job no termina en el dolor. Después de toda la tribulación, Dios duplicó la bendición. Ese es un principio espiritual: toda tribulación vivida en obediencia viene acompañada de una doble bendición.
Job pasa de oír hablar de Dios a verlo con sus propios ojos: "De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven". Ese es el destino de todo discípulo que atraviesa la adversidad sin desistir: pasar de la teoría a la experiencia, de la información a la revelación.
Una decisión que puedes tomar hoy
El mensaje cierra con una invitación clara. Si estás en medio de una adversidad, no ignores la voz del Maestro. Jesús está llamando. La tormenta no es el final; es la antesala del milagro. La sanidad, la restauración y la libertad llegan cuando se decide confiar en aquel que es más confiable que cualquier circunstancia.
La oración final es una declaración de entrega: reconocer el pecado, recibir el perdón, abrir el corazón para que Jesús habite y transforme la vida. Porque al final, la meta no es solo recibir el amor de Dios, sino entregar el amor de Dios a otros. Y para entregarlo, primero hay que estar lo suficientemente sanado y formado para ser altamente confiable.