Esto si es de Dios
No Me Esperaba Esta Demora: Cuando Dios Toma su Tiempo
No Me Esperaba Esta Demora: Cuando Dios Toma su Tiempo
La demora de Dios no es derrota, es un destello. Una poderosa enseñanza basada en Marcos 5:21-43.
Hay momentos en la vida en los que sentimos que Dios se ha tomado su tiempo. Hemos orado, hemos esperado, hemos confiado, y aun así los cambios no llegan. En medio de esa espera surge una pregunta que ha atormentado a muchos creyentes: ¿por qué se demora Dios?
En esta segunda entrega de la serie "Esto Sí es de Dios", desciframos un nuevo código del carácter de Dios: la demora. Porque muchas veces, cuando hay retrasos en nuestro camino, podemos llegar a decir "esto no es de Dios". Pero hoy aprenderemos cómo nuestro Padre utiliza la demora para producir algo profundo en nosotros.
La adversidad: el primer código
Si estuviste en el mensaje anterior, recuerdas que desciframos el primer código: la adversidad. Aprendimos de la vida de Job que la adversidad no es solamente una situación inoportuna, sino que puede convertirse en la universidad de Dios. Dios permite ciertas adversidades no solo como ataques del enemigo o consecuencias de nuestras decisiones, sino porque quiere producir algo en nosotros.
El propósito de la prueba y del dolor no es solamente que lleguemos a ser inmensamente amados, sino altamente confiables. Como Dios le preguntó a Satanás: "¿Has considerado a mi siervo Job?" Job era un hombre íntegro, y Dios le confió esa prueba porque sabía lo que había en su corazón.
La pregunta hoy es: ¿qué haces tú cuando Dios te confía con una adversidad? ¿Qué haces cuando Dios te confía con una demora?
El segundo código: la demora
Hoy traemos el segundo código de esta serie. A diferencia de la adversidad, que muchas veces reconocemos como parte del camino, la demora nos desconcierta. Esperábamos una respuesta rápida, un milagro inmediato, y lo que encontramos es silencio y espera.
Dios actúa y obra gradualmente, poquito a poquito. Y si no sabemos cómo enfrentar las demoras de Dios, pueden terminar convirtiéndose en tentaciones que nos desvían del camino al que Dios nos ha llamado.
La historia de Jairo y la mujer del flujo de sangre
Para entender este principio, vamos a la Palabra de Dios en Marcos, capítulo 5, versículos 21 al 43.
Jairo, un alto dignatario de la sinagoga, se postra a los pies de Jesús desesperado: "Mi hija está agonizando. Ven y pon las manos sobre ella para que sea salva y viva." Jesús acepta su petición y comienza a caminar hacia su casa.
Pero en el camino ocurre algo inesperado. Una mujer que padecía de un flujo de sangre desde hacía 12 años -que había sufrido mucho a manos de muchos médicos, había gastado todo lo que tenía y nada le había servido- se acerca por detrás entre la multitud y toca el borde del manto de Jesús. Inmediatamente, queda sana.
Jesús se detiene. Pregunta quién lo ha tocado. La mujer, temiendo y temblando, se postra delante de él y le dice toda la verdad. Jesús responde: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad."
Y mientras Jesús aún hablaba, llegan de la casa de Jairo la noticia más devastadora: "Tu hija ha muerto. ¿Por qué molestas al maestro?"
En ese momento, Jesús le dice a Jairo: "No temas, cree solamente."
El desvío que en realidad es un destello
Ponte en los zapatos de Jairo. Había visto a su hija agonizando. Había tenido la valentía de pedirle a Jesús que la sanara. Jesús respondió "vamos a la casa". Y entonces, en el camino, aparece esta mujer que interrumpe el milagro.
Jairo pudo haber reaccionado con desesperación, comparando su dolor, quejándose, criticando, echándole la culpa a Jesús. Pudo haber pensado: "¿Cómo es posible que atiendas el problema de otra cuando mi hija se está muriendo?"
Pero Dios le estaba diciendo a Jairo: esto no es un desvío, es un destello.
Jairo necesitaba ver el poder de Dios manifestándose en la mujer del flujo de sangre, porque aquello no era una distracción, sino una nueva dimensión de lo que Dios iba a hacer en la vida de su hija. Lo que tú crees que es un desvío, Dios lo usa como un destello: una lucecita de lo que viene.
Hay demoras que son necesarias
¿Por qué existen estas demoras? Porque Dios necesita abrir nuestros ojos. Porque a veces los grandes milagros no son solamente lo que Dios quiere hacer alrededor de ti, sino dentro de ti.
Escucha esto, como le dijo Dios a Jairo: "Necesito enseñarte a confiar y a conocerme a mí."
Era necesario que Jairo presenciara aquel milagro con esa mujer para que su fe fuera fortalecida. Porque hay demoras que son necesarias, no por el milagro que Dios va a hacer fuera de ti, sino por el milagro que quiere hacer dentro de ti.
Muchas veces queremos ver el "de repente" de Dios, pero nos olvidamos de los 12 años que esa mujer padeció antes de que el milagro fuera manifestado. Todos queremos ver el de repente, pero nos olvidamos del proceso.
La impaciencia: invitación del enemigo
Aquí está una de las verdades más poderosas de este mensaje:
La impaciencia es una invitación del enemigo para dejar de confiar en Dios.
Muchas de las decisiones impulsivas y compulsivas que tomamos vienen de un lugar de temor. Terminamos siendo dominados por una disfunción que nace del miedo. Y por eso Jesús le dice a Jairo: "No temas, cree solamente."
Dios dice: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos." Hay caminos que al hombre le parecen buenos, pero al final son caminos de muerte. ¿Por qué desesperarte? ¿Por qué dejar de confiar en los tiempos en que Dios se está tomando su tiempo?
La demora no es derrota
En medio de la espera, podemos concluir erróneamente que la demora es derrota. "No ha ocurrido todavía, no he visto el milagro, no he visto la respuesta, no he visto la salida."
Pero imagina si Jairo hubiera desistido en ese momento. Imagina si, por la desesperación, hubiera decidido huir desanimado, destruido, resentido. Hay momentos en que Dios, en medio de las demoras, te está llamando a quedarte ahí observando lo que él ha iniciado, porque él es fiel para terminar lo que comenzó.
Su palabra se cumple. Cuando su palabra es entregada, nunca regresa vacía. Dios te dice: "Vas a ver la gloria de Dios, pero primero quiero mostrarte una dimensión de lo que voy a hacer en tu vida."
El ejemplo de Lázaro y de Pedro
Este mismo principio se repite en toda la Escritura. En la historia de Marta, María y Lázaro, Jesús dijo que era necesario que pasaran cuatro días. Jesús incluso declaró: "Me alegro de no haber estado allí, para que ustedes crean." Dios permite demoras para fortalecer nuestra fe y para que conozcamos más profundamente al Dios encarnado que vino a redimir el pecado del mundo.
Y recordemos a Pedro, que después de toda una noche arrojando las redes sin capturar nada, escuchó a Jesús decir: "Boga mar adentro y echad vuestras redes." Pedro pudo decir "hasta aquí llegué yo". Pero cuando obedeció, la red se llenó de tal manera que la barca comenzaba a hundirse.
¿Cuántos le decimos al Señor "hasta aquí llegué yo"? Queremos ponerle límites a Dios, pero Dios es un Dios que opera sin límites. Dios te está diciendo: "Jairo, quédate ahí. No es tiempo de huir, no es tiempo de rendirte, es tiempo de observar lo que yo voy a hacer."
Dile a la ansiedad: "No me esperaba esta demora"
Repite con nosotros: "No me esperaba esta demora."
- Para este momento debía haber llevado a mis hijos a la escuela... pero no me esperaba esta demora.
- Para este momento debía haber comprado mi casa... pero no me esperaba esta demora.
- Para este momento debía ver mi matrimonio restaurado... pero no me esperaba esta demora.
- ¿Dónde estás, Dios? ¿Por qué te demoras?
Pero Dios te dice hoy: stay put. Estad quietos y conoced que él es Dios. Es hora de quedarte firme, quieto, confiado.
El milagro que viene después de la espera
La Palabra dice que cuando Jesús llegó a la casa de Jairo, ya estaban tocando las flautas y celebrando el ritual de despedida del alma de la muchacha. Pero cuando Jesús entró, la presencia de Jesús hizo que esta muchacha regresara a la vida.
Porque la presencia de Jesús hace resucitar a los muertos, da vista a los ciegos, da provisión al que tiene hambre, restaura al adicto, y torna el corazón de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres.
Muy posiblemente la invitación de Jesús es a que entres a ese cuarto donde había muerte y te reconcilies con tus seres queridos. La luz de Jesús viene a alumbrar los lugares oscuros donde había muerte.
Danza en la tardanza
Todos podemos alabar a Dios al principio. Todos podemos alabarlo al final. Pero habrá quien decida alabarlo en medio de la demora.
- Danza en la tardanza.
- Danza en medio de la tribulación.
- Alaba al Señor en medio de la duda.
El problema no es tener duda; el problema es quedarse en la duda. En medio de tu adversidad y en medio de la demora, puedes tomar la decisión de alabar al Señor, porque tu milagro está en camino.
El paquete ha sido despachado. El vehículo está llegando. Lo que pudo haber parecido una desilusión para Jairo, era en realidad la avenida para el milagro que estaba en camino.
Alza tus ojos a los montes
"Alzaré mis ojos a los montes. ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra, y no se dormirá."
Pon tus ojos en el monte de Dios y reconoce de dónde viene tu ayuda. Lo que estás viviendo no es para tu destrucción; es un destello de lo que Dios va a hacer en tu vida. Este tiempo no es en vano.
La demora de Dios no es en vano. Él está operando algo en tu corazón. Está rompiendo sistemas de creencia que estaban en contra de la verdad de Dios. Está derribando lo que él no plantó y destruyendo lo que él no edificó. Dios está edificando su casa: está estableciendo un templo de su presencia en tu corazón.
"Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores." En su presencia hay plenitud de gozo, hay libertad, hay salvación. El milagro del Señor está por venir.
Mientras yo alabo, él pelea mis batallas. No es con mis fuerzas que venceré, es por su espíritu que hay poder. Si estás pasando por una batalla, sigue alabando, porque él ya venció con su espíritu.
Oración
Padre, te doy gracias porque tú eres el Dios que opera a través del tiempo y fuera del tiempo, y porque utilizas todas las cosas para bien de aquellos que te aman y han sido llamados según tu propósito. Te damos gracias por la temporada en la que estamos, aun si no hemos entendido el porqué. Abrimos nuestros corazones para que hables a nosotros. Muévete, Espíritu de Dios, libremente en este lugar, y enséñanos, minístranos y sánanos en el nombre de Jesús. Amén.
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¿Te fue de bendición este mensaje?
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