This is truly from God.
Dios es confiable: cómo el carácter de Dios se establece en ti
El carácter de Dios no es solo un tema de estudio bíblico: es el molde al que Él quiere conformarnos. Conocer cómo es Dios -santo, fiel, misericordioso, compasivo, inmutable y confiable- no termina en la admiración. Termina en transformación. Este mensaje, continuación de la serie Esto sí es de Dios, nos confronta con una verdad incómoda y liberadora: todo lo que admiramos en Dios, Él quiere escribirlo en nosotros.
Buscar sus manos o conocer su corazón
Existe una tendencia común entre los hijos de Dios: buscar únicamente las manos de Dios. Es decir, lo que Él puede darnos, lo que puede proveer, lo que puede resolver. Es una relación centrada en el beneficio.
Pero hay un nivel más profundo: conocer su corazón. Cuando alguien te pregunta cómo es tu esposo, tu esposa o tu hijo mayor, no respondes con una lista de lo que te dan. Describes su personalidad, su forma de ser, su carácter.
Con Dios ocurre lo mismo. Sabemos quién es Él y conocemos mucho de lo que Él puede hacer. Pero necesitamos conocer cómo es Él. Ese conocimiento cambia radicalmente la forma en que caminamos con Él.
Doce características del carácter de Dios
Dios es amor
No solo tiene amor: Él es amor. Primera de Juan 4:8 lo declara sin rodeos: "El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor."
Esto tiene una implicación enorme: si tú amas, ese amor te lo dio Dios. Amar no es una capacidad natural del ser humano caído. Es sobrenatural.
Dios es santo
Completamente puro, sin pecado, perfecto. Isaías 6:3 registra la adoración celestial: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria."
Dios es misericordioso
Misericordia es cuando Dios no nos da lo que merecemos. La Biblia dice que la paga del pecado es muerte, y que por su misericordia no hemos sido consumidos. Esa es la expresión exacta de la misericordia: no recibir el juicio que corresponde.
Dios es lleno de gracia
Gracia es cuando Dios nos da lo que no merecemos. Cuando nos perdona, nos ama, nos provee, nos sostiene, nos adopta, nos salva, nos escoge y nos usa. Todo eso es gracia: lo que no podemos ganar ni merecer.
Efesios 2:8 lo confirma: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." Incluso la fe es un regalo.
Dios es fiel
Él permanece fiel aunque nosotros seamos infieles. Todos fallamos; solo Él permanece fiel todo el tiempo. Primera de Tesalonicenses 5:24: "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará."
Esto responde una pregunta crucial: ¿quién es el único que merece nuestra confianza ciega? Solo Dios. Sin embargo, a menudo cometemos el error de dar esa confianza absoluta a personas. Dios sí es merecedor de ella, porque su fidelidad no es fluctuante.
Dios es bueno
La Biblia dice que no hay ni uno bueno. Solo Él es bueno. Salmo 34:8: "Gustad y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él." Ahí está la fórmula de la dicha: confiar en Él.
Dios es justo
Dios no llama a las cosas malas buenas, ni a las buenas malas. Su justicia significa que podemos confiar en Él porque siempre juzgará correctamente. Él no se equivoca. Salmo 89:14: "Justicia y juicio son el cimiento de tu trono; misericordia y verdad van delante de tu rostro."
Dios es compasivo
Salmo 103:13: "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen."
Él ve nuestro dolor. No es indiferente. Se duele con nosotros, llora con nosotros. De tal manera nos amó que envió a su Hijo a pagar un precio que jamás habríamos podido pagar, abriendo el paso para llegar al Padre. Él no nos quiere dejar donde estamos ni como estamos: siempre viene a nuestro encuentro.
Dios es paciente
"Misericordioso y clemente es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia." Él espera. Él espera pacientemente.
Dios es perdonador
Primera de Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad."
Aquí aparece un testimonio compartido por muchos: recordar el día en que no podían perdonar y sabían que debían hacerlo. Hasta que un día la obra de Cristo en ellos fue mayor que ellos mismos, y perdonaron aunque su carne les gritara lo contrario. Eso solo se explica por la obra del Espíritu.
Dios es inmutable
"Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos." Malaquías 3:6: "Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos."
Sus pactos no cambian. Sus promesas no cambian. Su carácter no cambia. Piensa en cuántos crecieron en hogares donde no sabían de qué humor iba a amanecer papá, o cómo iba a estar el ánimo en la casa al final del día. Dios no es así. Su amor permanece, su paz permanece, sus promesas permanecen, su perdón permanece. Él dijo: "Consumado es."
Dios es cercano y presente
Él no es un Dios distante ni ausente. Está activamente involucrado en tu vida. Nada en tu vida se le ha salido de las manos. Salmo 34:18: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu."
Los atributos de Dios no compiten entre sí
Uno de los errores teológicos más frecuentes es sentir que los atributos de Dios se contradicen: si Dios es amor, gracia y misericordia, ¿cómo puede ser también justo?
No hay choque. Dios es 100 % amor y 100 % justicia. Él es perfecto y tiene todas estas características integradas de manera completa:
- Su santidad no elimina su misericordia
- Su soberanía no disminuye su compasión
- Su justicia no anula su gracia
El peligro de redefinir a Dios según tus circunstancias
Aquí está una de las advertencias más importantes del mensaje. Las pruebas nos tientan a redefinir a Dios:
"Yo creía que Dios era bueno, y esto me pasó; entonces Dios no es bueno." "Yo creía que Dios era misericordioso; ¿cómo puede permitir esto?"
Muchas heridas espirituales, muchas confusiones, comienzan cuando interpretamos a Dios según lo que nuestros ojos ven en nuestra vida o en el mundo. Pero no estamos llamados a interpretar a Dios. Dios ya está definido en su Palabra.
No necesitamos reinventar a Dios ni rediseñar el cristianismo. Ya está diseñado, y todo lo que Dios ha hecho es perfecto. Que nuestra mente limitada no comprenda muchas cosas es otro tema completamente distinto.
Lo que sí debemos hacer es pedirle cada día que se nos revele por su Espíritu: que nos revele a Cristo, que nos revele al Padre, que nos revele quién es y cómo es. Dios sigue siendo quien es, sin importar nuestras circunstancias.
Transformados de gloria en gloria
¿Cuál es el propósito de estudiar el carácter de Dios? La respuesta está en 2 Corintios 3:18:
"Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor."
Mirar a cara descubierta significa contemplar al Señor con el corazón abierto, honesto, sin máscaras. Observar quién es Él, cómo es Él, leer su Palabra, escuchar su voz, adorarlo.
Y esto no ocurre solo cuando te encierras a solas en tu cuarto. Ese momento es fundamental, pero el resto del día también cuenta: mientras trabajas, mientras manejas, en medio de una discusión con tus hijos. Observa al Señor, considéralo, escucha su voz.
La prueba más grande no es el sufrimiento
Un punto contraintuitivo y poderoso: las pruebas más grandes no llegan cuando estamos sufriendo, sino cuando todo está bien.
Cuando sufrimos, es casi natural estar en el suelo llorando, rendidos. Pero cuando todo va bien, ¿quién se lanza al piso? ¿Quién adora? ¿Quién busca desesperadamente su Palabra y su dirección?
La invitación es mantener los ojos en Jesús en ambos escenarios, sabiendo que la tristeza la permitió Él y la alegría también. Ese fracaso Él lo permitió. Esa pérdida Él la permitió. Ese triunfo Él lo permitió. Y preguntarle siempre: "¿Por qué me colocaste en este lugar? ¿Qué quieres hacer en mí y a través de mí?"
Cristiano o discípulo: la diferencia que lo cambia todo
Existe una diferencia enorme entre tener el rótulo de cristiano y ser un discípulo.
Un discípulo es un aprendiz, un estudiante disciplinado. La palabra misma viene de disciplina. Es el que toma su cruz todos los días, se niega a sí mismo y lo sigue. Se niega a lo que quiere hacer, a su propia voluntad, a cómo quisiera que fueran las cosas, y deja que Dios haga las cosas a su manera y en su tiempo.
Si Él quiere que perdone y todo mi ser grita que no, voy a perdonar. Si Él quiere que ame a esa persona, la voy a amar.
La Biblia manda amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen y orar por quienes nos persiguen. ¿Cómo puede un ser humano hacer eso? No puede. Solo el discípulo que carga su cruz cada día, con los ojos puestos en Jesús, permitiendo esa obra transformadora.
Lo que nunca será nuestro
Hay atributos de Dios que son eternamente exclusivos de Él y que jamás se establecerán en nosotros:
- Soberanía
- Omnipotencia
- Omnipresencia
- Omnisciencia
- Rey de reyes y Señor de señores
Pero todas las demás características deben ser también nuestras. Y si no están, no es que Dios haya fallado en su obra: falta más rendición.
Romanos 8:28 y la pregunta que nadie quiere responder
"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Este versículo se cita con facilidad hasta que se examina en detalle. Y entonces incomoda.
Primera pregunta: ¿qué es "todo"?
Todo. Incluyendo la adversidad. Incluyendo la enfermedad. Incluyendo la muerte de un ser querido. Incluyendo perder una empresa. Incluyendo ser deportado.
Segunda pregunta: ¿qué es "bien"?
Aquí está el giro. Solemos creer que "bien" es nuestra lista personal: la casa que quiero, el trabajo que quiero, vivir donde quiero, que mis hijos sean como quiero, que mi cónyuge cambie como quiero, el ministerio que quiero, la influencia que quiero, el dinero que quiero.
Pero el versículo se explica a sí mismo: "esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."
Todo obra para el bien de sus propósitos, no de nuestros propósitos personales. Y no hablamos de personas malintencionadas. Hablamos de hijos de Dios con listas de peticiones genuinamente buenas, buenas para ellos y buenas para otros. Pero solo Dios -el único bueno- puede saber qué es realmente bueno.
El "bien" al que apunta Romanos 8:28 es el carácter de Cristo formado en ti.
Tercera pregunta: ¿qué es amar a Dios?
La promesa no es universal: aplica a "los que aman a Dios". Y amar a Dios no es venir a cantar los domingos, leer la Biblia a diario o saberse los versículos de memoria.
Jesús lo definió sin ambigüedad: "El que me ama, es el que me obedece." No podemos adornarlo de otra manera, porque ya está escrito.
Dios es confiable, y quiere que tú lo seas
De todas las características, esta es el eje del mensaje: Dios es confiable.
La confianza es la base de toda relación
Si no confiamos en Dios, ¿qué queda? La confianza es el fundamento de un matrimonio, de la relación entre padres e hijos, de una amistad, de la relación entre un pastor y sus ovejas, de una relación de negocios. Si no hay confianza, no hay nada.
La rebeldía, definida
Aquí aparece una definición que se enseña en el programa de restauración:
Rebeldía es la incapacidad de un ser humano de someterse a la autoridad de alguien en quien no confía.
Y eso incluye a Dios. Si yo no confío en Dios, no me voy a someter a Él. Dios me dirá que haga cosas y no las haré, porque no confío en Él.
El termómetro real de tu confianza
Cuando alguien dice "yo sí confío en Dios", existe una manera objetiva de medirlo: ¿haces lo que Dios te dice?
Si la respuesta es "a veces", entonces la pregunta siguiente es cuál es el porcentaje. Si es el 50 % de las veces, ahí está el nivel real de tu confianza. Todos vamos en un camino, pero conviene ser honestos sobre dónde estamos.
No entender es parte de confiar
Cuando te rindes y dices "escojo confiar, Señor; no entiendo nada, pero escojo confiar", precisamente eso es confianza. Si lo entendiéramos todo, no sería confiar. Si lo tuviéramos todo, no nos faltara nada y todo lo pudiéramos, ¿para qué necesitaríamos a Dios?
Él es el único que merece nuestra confianza absoluta. No el médico, no el banco, no el pastor, no el jefe, no el abogado de inmigración. Y lo primero que Dios quiere hacer en tu situación más difícil es que confíes en Él.
Qué hace confiable a una persona
Si Dios quiere establecer esta característica en nosotros, conviene saber cómo se ve en la práctica:
- Consistencia: no ser cambiante, no fluctuar según el estado de ánimo
- Integridad: hacer siempre lo correcto, aunque nadie esté viendo
- Cumplir promesas: ser hombres y mujeres de palabra, de pactos
- No mentir: Satanás es el padre de la mentira; Dios no miente
- Confidencialidad: que las personas puedan confiarte asuntos de su corazón con tranquilidad
- Permanencia: no abandonar, no desconectarse, no desenfocarse
- Amor incondicional: que tu amor no dependa del desempeño del otro
El examen más duro
Muchos se han gozado al recibir la revelación de que el amor de Dios no depende de su comportamiento. Pero la pregunta de retorno es demoledora:
¿Tus hijos sienten eso contigo? ¿Tu cónyuge? ¿La gente que te rodea siente que tiene que caminar sobre cáscaras de huevo para no perder tu amor, tu amistad o tu aprobación?
Ese mismo amor con el que Dios nos amó no es para quedárnoslo. Es para amar a los demás con esa misma calidad de amor que no depende de cómo se comporten.
Es un llamado altísimo. Y es imposible en nuestra humanidad. Dios lo sabe. Por eso no nos llama a lograrlo con nuestras fuerzas, sino a confiar, permanecer, poner los ojos en Él, rendirnos y obedecerle. En esa rendición, el Espíritu hace la obra.
Dios de pactos
Deuteronomio 7:9 cierra el argumento:
"Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones."
Podemos descansar en Dios y confiar en Él porque su carácter es perfecto: su amor, su gracia, su fidelidad, su compasión.
Preguntas para examinar tu corazón
Con el corazón abierto delante del Señor, procesa esto:
- ¿Las personas pueden delegarte algo y descansar sabiendo que lo harás?
- ¿Pueden confiarte asuntos íntimos sabiendo que respetarás su confidencialidad?
- ¿Tus hijos pueden decir que tú no mientes, que siempre dices la verdad aunque duela?
- ¿Se te nota el carácter de Cristo, o tu carne sigue demasiado fuerte?
- ¿Eres cambiante? ¿Tu estado de ánimo fluctúa y arrastra a los demás?
Si la respuesta te incomoda, esa incomodidad es una invitación, no una condena. La oración es simple y profunda: "Espíritu Santo, hoy me rindo. Jesús, no solo te recibo como Salvador, sino como Señor. Entra a reinar, a gobernar, a transformar."
Conclusión: menos de mí, más de Él
El carácter de Dios no es material para admirar desde lejos. Es el destino al que el Espíritu nos conduce.
Mientras nuestra carne muere, su naturaleza se establece cada vez más en nuestra forma de vivir, de actuar, de responder, de tratar a los demás. Menos de nosotros, más de Él.
Es sobrenatural que una persona perdone. Es sobrenatural que una persona ame de verdad. Y cuando ves esas características en alguien, no son de esa persona: es Cristo en esa persona.
Dios es confiable. Y Él quiere que tú también lo seas.